martes, 16 de marzo de 2021

EL REY WAMBA Y LA REBELIÓN DEL DUX PAULO

 


A comienzos del verano de 673, estalló una sublevación en Nemausus (Nimes) liderada por el conde de dicha ciudad, Hilderico. La sublevación fue secundada por el obispo Gumildo, de la sede Magalonensis (Melgueil, Francia), y el abad Ranimiro. Esta historia se conoce gracias a la obra Historia Rebellionis Pauli adversus Wambam, escrita por el obispo Julián, una obra considerada por algunos historiadores como una auténtica obra maestra de la historiografía militar de todos los tiempos. 


El rey Wamba, que había obtenido el cetro diez meses antes, se encontraba en aquellos momentos al frente del exercitus en la Cantabriae en plena acción de castigo contra rebeldes wascones. Entonces, envió al dux Paulo, uno de sus más leales jefes militares, y al dux Tarraconensis, Ranosindo, para sofocar la sedición.


Paulo, de camino a Narbo (Narbona), capital de la provincia galo-visigoda, logró convencer a Ranosindo para maquinar una nueva subversión contra Wamba, y al arribar a Narbo, el obispo de la ciudad se alió con ambos duces. El resto de los prelados de la provincia, así como otros aristócratas de la misma, incluidos aquellos que ya se habían alzado inicialmente en Nemausus, se pusieron igualmente de su parte y Paulo y el resto de los conspiradores declararon la secesión de la provincia Narbonensis. Paulo se autoproclamó Rex Orientalis de Hispania.


En cuanto Wamba tuvo conocimiento de la nueva rebelión acaudillada por Paulo, puso rápidamente fin a la campaña contra los vascones y, una semana después, marchaba con todo su ejército hacia Narbo, siguiendo la vía pública que pasaba por Calagurris (Calahorra) y Osca (Huesca). Dividió a su ejército en tres cuerpos de caballería, cada uno de ellos mandados por un dux Exercitus, y él los siguió con una numerosa tropa de guerreros. La primera de las ciudades rebeldes que fue sometida a la autoridad regia fue Barcino (Barcelona) y, después, Gerunda (Gerona). A continuación, el ejército visigodo prosiguió marcha hasta arribar a los Pirineos, donde descansaron durante un par de días para, desde allí, y con los tres cuerpos de ejército, caer sobre los campamentos pirenaicos de Caucoliber (¿?), Vulteraria (¿?) y Castrum Libiae. (¿Llivia?) Finalmente, tomaron la ciudadela de Clausurae (¿?),  la más importante de las situadas en la vertiente norte de los Pirineos.


El dux Ranosindo e Hildigisio, persona ésta última que se había aliado con los pérfidos conspiradores, aun estando bajo servicio de gardingato, fueron reducidos por las tropas regias. Pero otro dux traidor, Wittimiro, que se había encerrado en la localidad de Sordonia (¿?), logró huir para dar aviso a Paulo, que se encontraba en Narbo, de la llegada del religioso príncipe. El exercitus regio prosiguió su marcha hasta Narbo y capturó a Wittimiro, que se había quedado en la ciudad para defenderla, cumpliendo así las órdenes de Paulo, el cual había puesto rumbo hacia Nemausus.


Pocos meses después, y tras haber capturado Narbo, Baeterris (Beziers), Agatha (Agde) y Magalona (Melgueil), Wamba lograba romper las puertas y los muros de Nemausus y penetraba en su interior. Paulo, y otros cincuenta y tres correligionarios, se habían refugiado en el anfiteatro de la ciudad, pero fueron apresados.


Tras realizar los correspondientes ajusticiamientos, Wamba y el exercitus se trasladaron a Toletum, llevándose consigo a los líderes de la conspiración para que les fueran aplicados los castigos pertinentes. Se les perdonó la vida, aunque fueron sometidos al atroz castigo de hacerles entrar en la urbs regia decalvados y con las barbas rasuradas. A Paulo, además, se le colocó una corona de espinas de pescado sobre la cabeza, para mayor escarnio público.


Terminada la fulgurante campaña, que duró lo que duró el verano, y dado que, en el curso de la misma, muchos nobles visigodos del noroeste peninsular, que no tenían nada que ver con los sediciosos de Nemausus ni, tampoco, con la aventura secesionista del dux Paulo, pero sí enormes recursos y ejércitos privados, incumplieron con su obligación moral de ayudar al exercitus de la patria de los godos, Wamba promulgó una ley: la LV, IX, 2, 8.


En ella, se establecía que cualquier persona, ya fuera obispo o clérigo, duque, conde o gardingo, o fuera del rango y orden que fuera, que se encontrara cerca de una de las fronteras del reino que hubieran sido invadidas, debería acudir en defensa del exercitus regio con todos sus efectivos posibles. El no hacerlo supondría, si era obispo, presbítero o diácono (los obispos también disponían de ejércitos privados), el exilio forzoso; si era noble perdería su dignidad parada testificar y sería reducido, para siempre, a la esclavitud, y sus todas sus posesiones pasarían a entregarse a quien el monarca estimase oportuno.


Del resto del reinado de Wamba, que reinó hasta el año 680, tan solo se tiene alguna que otra noticia de difícil comprobación, como la ofrecida por !a Crónica de Alfonso llI en su versión rotense, que asegura que, en su época, la marina visigoda repelió el ataque de una importante flota sarracena que se acercó a la península.

1 comentario:

  1. ¿Rex orientalis de Hispania o Rex orientalis de los godos? La base de su "reino" era la Septimania o Galia Narbonense.

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